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Via Remember Ken  Saro-Wiwa

Parte del mundo vivió estremecida durante los largos meses que transcurrieron desde la detención, en el año 1994, de Kenule B. Saro Wiwa hasta su ejecución el 10 de noviembre de 1995. Junto con otros ocho compañeros, el polifacético ciudadano nigeriano Saro Wiwa, nacido en 1941, escritor, profesor universitario, funcionario de la administración y empresario, moría a manos del ejército de su país condenado por multitud de cargos relacionados con su defensa del pueblo ogoni contra la devastación causada por las explotaciones petroleras de la europea Royal Dutch Shell y la local Nigerian National Petroleum Corporation.

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Después de caminar incontables países y agotar muchísimos caminos, hay gente que tiene la suerte de llegar a la misma conclusión.

Llevo cinco minutos ante la hoja en blanco, buscando palabras. En estos cinco minutos, el mundo ha gastado diez millones de dólares en armamentos y ciento sesenta niños han muerto por hambre o por enfermedad curable. O sea: en estos cinco minutos de mis dudas, el mundo ha gastado diez millones de dólares en armamentos para que ciento sesenta niños pudieran ser asesinados con total impunidad en la más guerra de las guerras, la más silenciosa, la no declarada, la que llaman paz.

Cuerpos de campos de concentración. Son los Auschwitz del hambre. ¿Un sistema de purificación de la especie humana? Contra las razas inferiores, que se reproducen como conejos, se usa el hambre en lugar de los hornos de gas. De paso, se regula la población. La bomba atómica inauguró, en Hiroshima y Nagasaki, la época de la paz del miedo. A falta de guerras mundiales, el hambre combate la explosión demográfica. Mientras tanto, nuevas bombas vigilan a los hambrientos. Cada persona puede morirse una vez sola, que se sepa, pero las bombas nucleares almacenadas permitirían matar a cada ser humano doce veces.

Este mundo enfermo de peste de muerte, que mata a los hambrientos en lugar de matar el hambre, produce alimentos que alcanzarían, y de sobra, para dar de comer a la humanidad entera. Pero unos mueren de hambre y otros de indigestión. Para garantizar la usurpación del pan, hay en el mundo veinticinco veces más soldados que médicos. Desde 1980, los países pobres han aumentado sus gastos militares y han reducido a la mitad sus gastos en salud pública.

Un economista africano, Davison Budhoo, renuncia al Fondo Monetario Internacional. En su carta de adiós al director, dice: «La sangre es demasiada, usted lo sabe. Corre como ríos. Me ha ensuciado completamente. A veces siento que no hay suficiente jabón en todo el mundo para lavarme las cosas que he hecho en su nombre».

Eduardo Galeano-comentando la fotografía del brasileño Sebastiao Salgado.

Un saludo. Pronto vuelvo a celebrar el 1er año del blog.

Un crimen agrícola contra la humanidad
14-11-07, Por George Monbiot *

Una hambruna asola Swazilandia, que está recibiendo ayuda alimentaria urgente. El cuarenta por ciento de sus habitantes se enfrenta a graves situaciones de escasez de alimentos. ¿Y qué es lo que el Gobierno ha decidido exportar?: biocombustible hecho a partir de un cultivo de uno de sus alimentos básicos, la mandioca.

 

 

No hay locura semejante. Una hambruna asola Swazilandia, que está recibiendo ayuda alimentaria urgente. El cuarenta por ciento de sus habitantes se enfrenta a graves situaciones de escasez de alimentos. ¿Y qué es lo que el Gobierno ha decidido exportar?: biocombustible hecho a partir de un cultivo de uno de sus alimentos básicos, la mandioca (1).

El Gobierno ha asignado varias miles de hectáreas de tierra cultivable a la producción de etanol en el condado de Lavumisa, que resulta ser el lugar más duramente castigado por la sequía (2). Seguramente sería más rápido, y más humano, refinar a los habitantes del país y meterlos en nuestros depósitos. Sin duda, un equipo de asesores para el desarrollo estarán haciendo ya las sumas.

Es uno de los numerosos ejemplos de un comercio descrito el mes pasado por Jean Ziegler, informador especial de la ONU, como “un crimen contra la humanidad” (3). Ziegler aceptó la petición hecha por primera vez en esta columna de una moratoria de cinco años en todos los incentivos y propuestas gubernamentales para el biocombustible (4): el comercio debería congelarse hasta que estuvieran comercialmente disponibles los combustibles de segunda generación, hechos a partir de madera, paja o desperdicios. En caso contrario, el superior poder adquisitivo de los conductores del mundo rico significaría que les quitarían la comida de la boca a los pobres. Si movemos nuestros coches con biocombustible virgen otras personas morirán de hambre.

Incluso el Fondo Monetario Internacional, siempre dispuesto a inmolar a los pobres en el altar de los negocios, advierte ahora que usar los alimentos para producir biocombustibles “podría forzar todavía más los suministros ya escasos de tierra cultivable y de agua en todo el mundo, impulsando todavía más las subidas de precios” (5). Esta semana la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación anunciará el nivel más bajo de reservas mundiales de alimentos en 25 años, amenazando con lo que llama “una crisis muy grave” (6). Incluso cuando el precio de los alimentos era bajo, 850 millones de Personas seguían hambrientas porque no podían comprarlos. Con cada incremento en el precio de la harina o los cereales se empuja a varios millones de personas por debajo de la línea de compra del pan.

El coste del arroz ha subido un 20% el año pasado; el del maíz, un 50%; el del trigo, un 100% (7). Los biocombustibles no tienen toda la culpa -al quitar tierra que estaba dedicada a la producción de alimentos, exacerban los efectos de las malas cosechas y suben la demanda-, pero casi todas las agencias importantes advierten ahora contra la expansión. Y casi todos los gobiernos importantes las ignoran. Leer el resto de esta entrada »

La pobreza ha sido la compañera de la humanidad desde hace tiempo. Cabe mencionar que la pobreza a su vez es hasta cierto punto algo difícil de definir (menos de 1 USD o 2 al día es la definición de la globalización) . Pero cuando alguien se muere de hambre, literalmente, habrémos, como en la fotografía, visto la cara de la pobreza. Ante ustedes la forma más cruda de la pobreza y la triste historia detrás de la fotografía:

En 1994, el genial fotógrafo documentalista sudanés Kevin Carter ganó el premio Pulitzer de fotoperiodismo con una fotografía tomada en la región de Ayod (una pequeña aldea en Sudan), que recorrió el mundo entero. En la imagen puede verse la figura esquelética de una pequeña niña, totalmente desnutrida, recostándose sobre la tierra, agotada por el hambre, y a punto de morir, mientras que en un segundo plano, la figura negra expectante de un buitre se encuentra acechando y esperando el momento preciso de la muerte de la niña.

Al recibir el premio, Carter declaró que aborrecía esa fotografía:

 

“Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.

Cuatro meses después, abrumado por la culpa y conducido por una fuerte dependencia a las drogas, Kevin Carter se quitó la vida.

[ Vía Efremigio > Jasp > El Mundo de Luisma | Fuente ]

Todos los días mueren en el mundo 12 mil niños. Uno cada siete segundos. Y hablamos sólo del hambre. Y hablamos sólo de la infancia. Y no es noticia. Y a nadie le abruma la culpa.

Las nieves del Kilimanjaro, que con tanta grandeza loaba Hemingway, se están convirtiendo en un simple rezago del pasado. Aquí hay dos fotos de la Nasa, la primera de 1993 y la segunda del 2000. En solo 7 años el glaciar disminuyó más de lo que había bajado en los 11000 años precedentes: Increíble, quien diga que esto no es una prueba del calentamiento global debe estar loco.


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